La mayoría de problemas están mal planteados
No por falta de esfuerzo, sino porque se salta un paso: entender antes de actuar. Aquí tienes, paso a paso, la forma de plantearlos que uso en todo lo que hago. Las herramientas cambian cada año; esto no.
Un objetivo no es un problema
«Quiero vender más.» «Necesito más clientes.» «Quiero crecer.» Frases así aparecen en casi cualquier negocio, pero no son problemas: son deseos. Un deseo, por sí solo, no se puede resolver.
El primer paso siempre es el mismo: convertir ese deseo en una pregunta que sí se pueda responder. En vez de «quiero vender más», la pregunta útil es «¿en qué punto exacto estoy perdiendo al cliente?».
Traducir deseos a preguntas que se pueden medir es, en el fondo, la mitad del trabajo.
Qué es un proceso que funciona
Un proceso que funciona se repite y tiene un objetivo claro. Siempre tiene las mismas cuatro partes, y por eso siempre se puede medir y mejorar.
Entradas
Lo que entra al proceso: visitas, clientes, datos, tiempo.
Flujo
El recorrido que siguen esas entradas de principio a fin.
Salidas
El resultado concreto que buscas al terminar.
Métricas
Los números que te dicen si de verdad funciona.
Del caos a algo que se puede mejorar
El recorrido suele ser el mismo, y cada paso prepara el siguiente. No hace falta recorrerlo todo de golpe.
- 1Caos
- 2Entender
- 3Modelo
- 4Sistema
- 5Medir
- 6Ajustar
- 7Mejorar
Si se puede modelar, se puede medir. Si se puede medir, se puede mejorar.
¿Dónde se pierde el cliente?
Tomemos una tienda online. En vez de preguntar «¿cómo vendo más?», dibujamos el recorrido completo de una compra. Cada paso es un punto donde medir, y donde se puede estar perdiendo dinero.
- 1Impresiones
- 2Clics
- 3Visitas
- 4Ficha de producto
- 5Carrito
- 6Checkout
- 7Pago
- 8Compra
- 9Recompra
Con el recorrido delante, ya no discutimos opiniones. Miramos dónde se cae la gente y trabajamos ese paso. Ese mismo modelo sirve para una web, una consulta o una newsletter; solo cambian los pasos.
No todo merece mejorarse ahora
Analizar y documentar un proceso tiene un coste. Vale la pena cuando da claridad, no cuando añade burocracia. Parte de mi trabajo es decirte cuándo no hace falta.
Cuándo sí
- Cuando el proceso se repite.
- Cuando quieres medirlo.
- Cuando quieres automatizarlo.
- Cuando quieres poder delegarlo.
- Cuando ya se ve un patrón claro.
Cuándo no
- Cuando es un caso único.
- Cuando todavía estás explorando.
- Cuando cambia cada semana.
- Cuando documentarlo cuesta más que hacerlo.
¿Quieres profundizar en esta forma de pensar?
Toda esta metodología la estoy convirtiendo poco a poco en recursos gratuitos, casos de estudio y una futura academia para que cualquier persona pueda aprender a aplicarla.
Si esta forma de pensar te encaja, hablemos
Tú pones el negocio; yo, la forma de ordenarlo. Cuéntame qué tienes entre manos y lo miramos juntos.